María Magdalena, mujer libre

El 22 de julio se celebra la festividad de María Magdalena. La iglesia católica presenta a esta mujer magia como prostituta, pecadora arrepentida y salvada por Jesús, pero existe una enseñanza mucho más profunda relativa a su trascendental figura.

Fue apóstol entre los apóstoles porque ella entendía, no sólo a un nivel intelectual sino también energético y álmico, lo que Jesús vino a enseñar. Los condicionamientos sociales de aquellos tiempos, y en especial de los siglos posteriores a la muerte de Jesús en los cuales se crearon los principios del catolicismo, veían como algo muy inusual y reprobable que una mujer fuera maestra espiritual y guía del camino interior. Todavía hoy en día la Iglesia no permite que haya sacerdotisas, pero este sería otro tema…

María Magdalena sólo es prostituta y pecadora a los ojos de la ignorancia perpetrada por la Iglesia. Desde su nacimiento, fue iniciada en los misterios del principio femenino divino. Pronto fue nombrada sacerdotisa y su grandeza interna tenía el reconocimiento de muchos. Fue una mujer liberada, con un conocimiento profundo y directo de la Consciencia Suprema y maestra de la ascensión. Se movía fuera de las convenciones sociales, rigiéndose sólo por su intuición y su sabiduría interior.

Como sacerdotisa alquímica, practicaba la magia sexual, era una mujer tántrica y contaba con un inmenso poder de transformación. Se han escrito trabajos de investigación fascinantes en relación a la figura de esta mujer y hay quienes afirman que ella y Jesús eran pareja espiritual. Compartían una relación de amor muy íntima en la que se veían el uno al otro como iguales. Se nutrían y sanaban el uno al otro a través de su práctica espiritual conjunta. María Magdalena y Jesús compartieron un matrimonio místico en el que sus voluntades y corazones eran uno.

María Magdalena fue maestra espiritual durante toda su vida y la base de su enseñanza eran la Luz, la Sabiduría y el Amor. Su figura es una gran inspiración para todas las mujeres que hoy en día estamos tomando nuestro poder como sanadoras y transformadoras del mundo. También para todos los hombres abiertos a aprender y a comprendernos de manera profunda, creciendo mano a mano con nosotras. ¡Despertémosla en nuestro interior!

“Sólo podrán beber los que han despertado en sí mismos la fuente.”

 

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