Soy madre y punto.

Ante todo soy madre. Y no hace falta nada más. En unos tiempos donde leemos por todos lados sobre la importancia de ser madre-emprendedora, madre-liberada, madre-coraje o madre-bussiness woman, yo y muchas otras reivindicamos el ser sólo madre.  No necesito que se me valore por mi trabajo fuera de casa, ni por mi aspecto, ni por lo rico que está mi arroz con leche porque para mí lo más importante es mi papel de madre.

Para empezar, las madres cuidamos y nutrimos el mundo porque somos fuentes de verdadero amor incondicional. No sólo el cuerpo de un ser vivo se crea a partir de los tejidos de la propia madre, sino que durante el embarazo y la lactancia la mamá incrementa la producción de la hormona del amor, la oxitocina, neurotransmisora encargada de iniciar el parto y, cuando pasamos por ese umbral poderoso, con frecuencia muy doloroso, lo hacemos por amor. Además, la oxitocina es la sustancia que nos permite que aprendamos a amar, crea los primeros vínculos socio-afectivos en la vida de cualquier ser humano, también nos permite sentir el placer en las relaciones sexuales.

Somos las primeras educadoras. La psicología yóguica habla de la madre como la primera maestra. Ya de bebés aprendimos a relacionarnos con el mundo a través de la relación con nuestra propia madre y esto comienza incluso antes de nacer. Luego, de ella aprendemos a gesticular, a movernos, a estar en el cuerpo. La madre enseña cómo comer, cuidarse a uno mismo y cuidar de los demás y de la Tierra. Gracias a la madre sabemos abrazar, comunicar y compartir.

Pero en esta sociedad individualista, tan competitiva, y por tanto masculina, ¿dónde están las madres? Veo muchas mujeres que se quedan embarazadas y dan a luz, pero que vuelven a sus puestos de trabajo en un mundo de hombres a las pocas semanas del nacimiento de sus hijos. Escucho historias de mujeres que quieren que sus bebés de tres semanas sean independientes, que delegan la crianza de sus pequeños a otras mujeres o que tienen relaciones nefastas con sus propias madres.

Hoy, no sólo honro a mi madre, a su madre y todas las mujeres del linaje femenino del cual provengo, también me honro a mí porque soy madre y punto. No nos hace falta ningún adjetivo que nos califique. Nosotras somos el presente y el futuro de nuestra civilización. Construyamos con amor, paciencia y sensibilidad un mundo bello y lleno de color.

aham prema – somos amor

 

A mi queridísima Jaja. 

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