Zambúllete, vuélvete delfín y disfruta!


Los yogins en India tienen el Ganges, aquí tenemos el mar. Bañarse en nuestro querido Mediterráneo, o en cualquier otro mar, puede ser un acto sagrado con increíbles beneficios para el cuerpo, la mente y el alma.

En ayurveda, el agua o jala, es el elemento de la naturaleza que cohesiona los sistemas y tejidos corporales. El agua de mar se ha utilizado con fines terapéuticos en numerosas culturas del planeta, incluida la Grecia clásica.

Su composición es casi idéntica a la del plasma humano y, cada vez que te das un baño, tu subconsciente recuerda los meses que pasaste en el vientre de tu madre, flotando feliz en líquido amniótico.

Tiene propiedades antisépticas y antiinflamatorias que reparan el tejido de la piel, incrementan su elasticidad y le dan un aspecto luminoso y atractivo.

Aumenta la capacidad de tus células para absorber oxígeno, tiene una alta concentración de minerales como el magnesio o el yodo y fortalece el sistema inmunológico.

El sonido rítmico de las olas aquieta hasta la mente más desbocada y es un potentísimo calmante natural que reduce el estrés y la ansiedad. Mejora el sueño y nos lleva a percibir la profundidad de la vida.

Su frescor contrarresta las cualidades cálidas y fogosas de los meses de verano. No sólo baja la temperatura corporal, sino que enfría la tendencia a la irritación o la ira que puede provocar el exceso de calor.

Además de los beneficios puramente físicos, lo que me chifla de los baños en el mar es que al zambullirme y bucear me siento libre, pura y alegre como un delfín. Un baño en el mar me despoja de cargas energéticas pesadas, me renueva, ¡parece un renacimiento! Desde tiempos ancestrales el agua es símbolo de vida, de purificación y de regeneración. Hoy te invito a que despiertes esa sabiduría en ti.

Namaste

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